Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Al dÃa siguiente se celebró el enlace de Florencia y Alfredo. La hermana de aquélla y varias amistades de El Cajón asistieron a la ceremonia, a más de Magdalena, Stillwell y sus hombres. Por expreso deseo de Alfredo, Stewart estuvo también presente. Magdalena se divertÃa viendo los esfuerzos de los cowboys para reprimir su excitación. Para ellos el evento era tan insólito como impresionante. Magdalena tuvo una mejor impresión de su temperamento, cuando, sobreponiéndose a su cortedad, se agruparon para besar a la novia. Jamás habÃa visto Magdalena novia alguna besada con mayor diligencia y copiosidad ni que saliera del encuentro más desgreñada y satisfecha. Era, en efecto, una memorable ocasión. Alfredo Hammond no conservaba nada del «lánguido Este»; hubiérase dicho que el Oeste era su cuna. Cuando Magdalena consiguió franquear la masa de cowboys para ofrecer su felicitación, su hermano le dio un abrazo de oso, besándola estruendosamente. El gesto pareció fascinar a los cowboys. Chispeantes y encendidos los ojos, con sonriente y pueril audacia, se precipitaron hacia ella. Por un instante, el corazón se le asomó a los labios. ParecÃan dispuestos a magullarla y besarla desenfadadamente. Monty Price, el exiguo rufián de dulces ojos y feroz semblante, iba a la cabeza; parecÃa un dragón animado de sentimiento. La instintiva repugnancia de Magdalena a sentir el contacto de manos o labios extraños luchaba contra un sincero y malicioso deseo de dejar a los cowboys en libertad de acción contra ella. Mas vio a Stewart rezagado detrás de la turba, y algo, tal vez su fiera y frÃa expresión de dolor, la sorprendió agostando en flor su proyecto de ser amable. Algún cambio, del que no se dio cuenta, debió experimentar su semblante, pues vio a Monty retroceder intimidado y a los demás apartarse abriendo paso para dejarla ir hacia el patio a la cabeza de la comitiva.