Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —¡Querida chiquilla! —dijo él con más sosiego, soltándola—. Eres la misma de siempre. Acaso más guapa y más mujer. Has justificado el nombre que te puse. ¡Señor! ¡Cuántas cosas me recuerdan tu presencia! Parece que hace cien años que marche de casa. Te he echado más de menos a ti que a todo el resto de la familia.