Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Era absolutamente imposible que Stewart tuviese parte en esa agresión —prosiguió Magdalena con rápida palabra—, porque en el momento en que se verificaba, estábamos juntos en la sala de espera de la estación. Puedo asegurarle que lo recuerdo distinta y vÃvidamente. La puerta estaba abierta, oà voces de hombres que disputaban. Fueron acercándose… Hablaban en español… Evidentemente aquellos individuos procedÃan del salón de baile fronterizo y se encaminaban hacia la estación… Entre las voces hombrunas oà otra de mujer… en español también, por lo que no pude entender lo que decÃa… aunque su acento era suplicante. Luego oà pisadas en la grava. Me consta que Stewart las oyó también. Por su actitud, pude colegir que iba a ocurrir algo horrible. Afuera… junto a la puerta, se oyeron roncos y furiosos gritos, rumor de lucha… un disparo… un grito de mujer… el baque de un cuerpo que cae, y rápidos pasos de un hombre que se aleja. Después, esa muchacha, Bonita, entró tambaleándose en la estancia. Estaba lÃvida, temblorosa, aterrorizada. Reconociendo a Stewart apeló a él. Stewart la sostuvo, y procuró tranquilizarla. Estaba excitado. Preguntó si Danny Mains era el herido o el agresor. La muchacha contestó que no, añadiendo que ella habÃa estado bailando y flirteando con los vaqueros y que se habÃan querellado por ella. Entonces Stewart se la llevó afuera y la montó en su caballo. Vi cómo salÃa al galope, calle abajo, desapareciendo en la oscuridad.