Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Probablemente a cosa de la una y media. Al mirar mi reloj en casa de Florencia Kingsley, eran las dos. En cuanto Stewart hubo despedido a Bonita, me llevó a casa de Florencia. Por lo tanto, teniendo en cuenta la distancia de un punto a otro y algunos minutos de conversación con ella, puedo decir casi con certeza que el crimen se cometió a la una y media.
Stillwell se acercó un paso más al sheriff.
—¿Qué andas buscando? —preguntó con voz de trueno.
—La prueba —contestó secamente Hawe.
Magdalena se asombró de la interrupción. Irresistiblemente, Stewart atrajo su mirada, viéndole un semblante ceniciento, tembloroso de manos, desmoralizado en absoluto.
—Se lo agradezco mucho, señorita Hammond —dijo con voz ronca—. Pero… no conteste a más preguntas de Hawe. Ése es… es… No es preciso. Iré con él ahora, arrestado. Bonita corroborará ante el tribunal su testimonio de usted, y eso me librará de… la animadversión de este hombre.
—Desde el punto de vista testifical, lo que usted dice es importante y concluyente. Pero calculo que el tribunal querrá que se le explique por qué permaneció usted en esa sala de espera, a solas con Stewart desde las once y media hasta la una y media.