Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Con sibilante respiración, echando espuma por la boca. Monty Price se encogió más aún, y puestas las manos en las caderas, apartábase pulgada a pulgada del porche, acercándose a Hawe y a Sneed. Magdalena les veÃa apenas en su borroso campo visual. ParecÃan espectros. Oyó el agudo relincho de un caballo y reconoció a Majesty que le llamaba desde el corral.
—¡Y nada más! —aulló Monty, con voz estrangulada. Y doblegábase más y más hacia delante, en un trágico gesto de indecible ferocidad.
¡Ea! ¡Vosotros! ¡Representantes armados de la ley! ¡Sacad vuestros revólveres! ¡Sacadlos pronto! ¡Monty Price ha terminado! Antes de que podáis poner un dedo en el gatillo se verá la luz del dÃa a través de vuestros cuerpos. Pero… ¡quiero daros una oportunidad de hacer blanco en mÃ! ¡Habláis de justicia y de la ley! ¡No hay más ley que la mÃa!
Su respiración se aceleró, su voz se hizo más ronca, su postura más agazapada. A excepción de los rápidos brazos, su cuerpo entero se estremecÃa, presa de una prodigiosa convulsión muscular.
—¡Perros! ¡Coyotes! ¡Busardos[33]! ¡Afuera esas armas o saco yo las mÃas! ¡Ah!