Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Pareció a Magdalena que las tres rígidas figuras saltaban al impulso de un instantáneo y concertado movimiento. Vio ráfagas de fuego… penachos de humo… Luego oyó una ensordecedora descarga, cuyo ruido se apagó rápidamente. La humareda veló la escena. Lentamente se fue disipando, poniendo al descubierto tres hombres caídos, uno de los cuales, Monty, se apoyaba en la mano izquierda, empuñando un humeante revólver con la derecha. Atisbó, en espera de algún movimiento de los otros dos. No se produjo. Entonces, con una terrible sonrisa, se dejó caer hacia atrás.