Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste De pronto Majesty aguzó las orejas y resopló. Magdalena oyó el lento paso de un caballo que se acercaba en la dirección del lago, Magdalena, que había aprendido a ser cauta, se incorporó y, saltando sobre Majesty, se dirigió hacia el claro. Un instante después se felicitó de su prudencia, porque, oteando por entre los árboles, vio a Stewart con su montura de la brida, dirigiéndose hacia el soto. Habría casi preferido encontrarse con algún guerrillero que con el cowboy.
Majesty acababa de tomar el trote cuando se dejó oír un prolongado silbido. El caballo dio un brinco y, variando de dirección tan rápidamente, que por poco si desarzona a Magdalena, retrocedió hacia los mezquites. La joven intentó aquietarle, le reprendió luego severamente, quiso refrenarle tirando de la brida con toda su fuerza… todo fue inútil. El animal lanzó un agudo bufido. Magdalena comprendió entonces que Stewart, su antiguo amo, le llamaba y que nada ni nadie podría detenerle. Renunció al intento, y puso toda su atención en eludir los álabes de mezquites que Majesty rozaba a su paso. El caballo salvó una especie de nave entre los árboles y, deteniéndose ante Stewart, lanzó un alegre relincho.