Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —¡No me atrevo a decirlo! Mire usted, señorita Majestad, mire usted el oro. Treinta años he vivido entre exploradores y mineros y nunca he visto cosa parecida.
—¡La perdida mina de los padres! —gritó Danny, con voz estentórea—. ¡Y es mÃa!
Stillwell, fascinado, fuera de sÃ, prorrumpió en incoherentes sonidos.
—Bill —prosiguió Danny—. Ha pasado mucho tiempo desde que me viste por última vez. Sé lo que pensabas, porque Gene me tuvo al corriente. Encontré por casualidad a Bonita, y no podÃa dejar que anduviese sola, sabiendo que la perseguÃan. Tomamos el portel del Peloncillo. Bonita llevaba el caballo de Stewart, y tenÃa que reunirse con él para devolvérselo al final del camino. Llegamos sin novedad a las montañas, pero estuvimos a punto de morirnos de hambre, hasta que nos halló Gene. Él también habÃa sufrido privaciones y no podÃa llevar gran cosa consigo.