Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste »Trepamos a los riscales y construímos una cabaña. El día que Gene envió a Majesty al rancho, yo bajé con los caballos. No he visto nunca tan abatido a Stewart. Cuando cruzó la divisoria, Bonita y yo pasamos las de Caín para poder subsistir. Mas salimos adelante, y, a juicio mío, entonces fue cuando empezó a cobrarme afecto. Sobre todo porque… estuve decente con ella. Mataba pumas, bajaba a Rodeo a percibir la gratificación que daban por las pieles, y con el dinero adquiría provisiones y cuanto era menester. Una vez fui a El Cajón y me di de manos a boca con Gene. Estaba de vuelta de Méjico y… haciendo de las suyas. Conseguí separarme de él, después de intentar inútilmente sacarle del pueblo. Mucho después, nos rastreó hasta los riscales y nos halló. Había dejado la bebida y parecía otro. Fue cuando empezó a machacar que me casara con Bonita. Éramos felices, y los dos teníamos miedo a estropear las cosas. Bonita había sido algo casquivana y temí que el dogal del matrimonio le resultase incómodo. Por eso me resistí a Gene. Pero… luego me convencí de que desgaritaba. De vez en cuando Gene subía a los riscos, llevándonos provisiones, y siempre insistiendo para que hiciera lo que era debido con Bonita. ¡A Gene no se le puede contrariar! Tuve que ceder, y pedirle a Bonita que se casara conmigo. Al principio dijo que no…, alegando ¡qué no era digna de mí! Pero viendo que la idea iba ganando terreno, procuré portarme con ella lo mejor que pude. De manera que fue mi deseo de casarme, mi contacto por hacerla mi esposa, lo que la hizo ablandar y hasta embellecer… como una codorniz silvestre. Por fin Gene trajo a los riscos al padre Marcos… y nos casamos.