Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Magdalena le escuchaba como si estuviese hechizada. No era sólo que aquel sacerdote de voz suave y elocuente supiese conmover el corazón y llegar al alma; era también que su defensa, su elogio de Stewart, expresados en el rudo lenguaje de los cowboys, había sonado igualmente a gloria en sus oídos.