Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Más de lo que crees. Aunque estemos perdidos en el encrespado Oeste nos llegan noticias. Todo el mundo sabe lo de Anglesbury, y lo de aquel duque italiano que te fue siguiendo a través de media Europa. Y que lord Castleton es quien está ahora en el candelero, con todas las de ganar. ¿Qué te parece, Majestad?
Magdalena creyó descubrir en sus palabras una sombra de desdén y en el fondo de sus penetrantes pupilas vio brillar una llama. Quedóse pensativa. HabÃa olvidado a Castleton…, a Nueva York, a la sociedad.
—Alfredo —dijo, sosegadamente—. No creo que ningún aristócrata haya de gastarse mi dinero, como tú, con tanta galanura, profetizas.
—¡Eso no me importa! ¡Quién me interesa eres tú! —gritó, apasionadamente, asiéndola por un brazo con una violencia que la sobresaltó. Estaba pálido, chispeantes los ojos—. Tú, que eres espléndida…, maravillosa… Te llaman la «Belleza americana», pero eres más que eso. ¡Eres «la Mujer americana»! Majestad, no te cases con un hombre al que no ames, y no ames a ninguno si no es americano. OlvÃdate de Europa el tiempo preciso para conocer a los hombres, a los verdaderos hombres de tu patria.