Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Soy la esposa de Stewart. Le amo. He sido injusta con él y debo salvarle. Link, tengo fe en usted. Le suplico que haga cuanto pueda por Stewart…, por mÃ. Correré gustosa los riesgos…, no importa cómo, ni por dónde me lleve. PreferirÃa despeñarme por un cañón…, hallar la muerte en los peñascos…, a renunciar a mi intento.
¡Qué bella respuesta la del rudo cowboy… al mostrar su absoluta inconsideración a sà mismo, al hacer desaparecer el demudado aspecto de su semblante, al volver a sus pupilas la familiar animación, el indomable espÃritu temerario! Era más que tesón, audacia o sacrificio. Entre él y Magdalena hubiera podido existir un nexo de sangre. Nuevamente percibió ella un indefinible sentimiento de fraternidad tan sutil, tan invisible, que parecÃa ser un inalienable rasgo de aquellos turbulentos cowboys.
—¡Señorita Majestad…, es imposible, pero… lo haré! —replicó. Su frÃa y brillante mirada la hizo estremecer—. Déme usted media hora para repasar el coche y disponer lo necesario.