Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste En aquellas circunstancias, Link no creyó procedente disculparse. Magdalena anotó la omisión como el primer evento de la jornada. Inclinándose, miró el reloj que Stevens había fijado en el volante. ¡Las nueve y tres cuartos! En verdad Link había dado pronto cuenta de las millas del valle.
Más allá de San Bernardino, Link se salió de la carretera, metiendo el coche por una ladería de suave pendiente. El valle parecía correr hacia el Sur, faldeando las Guadalupes. Link se dirigía al Sudoeste. Magdalena observó que a, medida que iban ascendiendo se hacía más escasa la hierba y más frecuentes los trechos desnudos, blanquecinos y polvorientos. Veíanse también macizos de mezquites, y cactos y áreas dispersas de rocas fragmentadas.