Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Súbitamente se apartó el gentÃo, abriendo calle para dar paso al oficial de caballerÃa y a un rebelde de aspecto llamativo.
—Es como sospechábamos, señora —dijo rápidamente el oficial—. Los mensajes ordenando la libertad de Stewart, no llegaron a manos de Salazar. Los interceptaron. Pero aun sin ellos, habrÃamos logrado el canje de Stewart, a no ser por la animadversión personal de uno de sus captores que tenÃa especial interés en fusilarle. Ese guerrillero interceptó las ordenes y fue quien sugirió el traslado a Mezquital. ¡Es sumamente desagradable! ¡En este momento deberÃa estar en libertad! Deploro…
—¿Quién fue…, quién es el autor de tamaño desafuero? —gritó Magdalena—. ¿Quién es ese hombre?
—Don Carlos MartÃnez. Era un bandido con bastante influencia en Sonora. Se le tiene más bien por un agente secreto de la revolución que por un participante activo, aunque ha prestado servicio en guerrillas.
—¡Don Carlos! ¡Stewart en su poder! ¡Oh gran Dios! —Magdalena se desplomó en su asiento, anonadada. Dos manos poderosas y enérgicas se abatieron sobre sus hombros, y Nels se inclino hacia ella.