Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Link volvió a su puesto, y el auto reanudó la marcha. Cambió el camino, cambiaron los árboles, cambiaron los alrededores, excepto los cactos. Vinieron millas de ondulantes lomas, ásperas en sus hondonadas, y breves trechos roqueños, y barrizales y una cañada arenosa donde los mezquites formaban una espesa arboleda, a lo largo de un lavajo de escasa profundidad. La verdura dulcificaba el rudo y árido aspecto del desierto. Notábase la presencia de pájaros y loros y ciervos y jabalíes. Magdalena observaba cuanto veía con marcada atención; aunque lo que ansiaba ver, lo que con toda su alma pedía al cielo, era un camino libre y sin obstáculos.
Pero la carretera comenzó a serpentear, torciéndose y retorciéndose en mil curvas y recodos, dando cien rodeos para escalar un cerro que asumía proporciones de montaña; y ello, lentamente, sin prisa, como todo lo que, excepto en el combatir, solía hacerse en Méjico. El combatir es rápido, feroz, sanguinario…, español.