Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Después de un tiempo infinito cesó la carrera. Magdalena perdió la sensación de incorporeidad. Comenzó a distinguir voces, al principio apagadas, aparentemente lejanas. Después abrió los ojos, unos ojos turbios y nublados, pero conscientes.
El coche se había detenido. Link yacía de bruces sobre el volante. Nels le frotaba a ella las manos llamándola. Vio un edificio de paredes enjalbegadas y techumbre de tejas pardas. Más allá, sobre la oscura cordillera, asomaba el último segmento y el último rayo del sol poniente.