Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Stewart estrechó la mano a alguien que se hallaba en el interior. Luego miro arriba y abajo de la carretera. La puerta se cerró tras él. Reposadamente lió un cigarrillo, acercándose a la pared para encender la cerilla. No obstante la distancia, Magdalena percibió la llama y el primer penacho de humo.
Lentamente Stewart se situó en medio de la carretera y echo a andar.
A los ojos de Magdalena fue una acción natural como si pasease por su recreo, aunque la ausencia de todo otro ser viviente, el silencio, la rojiza colina, la sobrecargada atmósfera, no eran nada naturales. De tiempo en tiempo se detenía mirando a las casas y a las esquinas. Tan sólo el silencio respondía a la significativa actitud. En otra ocasión se detuvo a liar y encender otro cigarrillo. Después acelero el paso.