Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —¿Ah, s� Pues te equivocas; me interesa más de lo que crees. Ocurrieron anoche varias cosas de las que debes saber algo, Stewart. Desvalijaron a Danny Mains… Stillwell perdió su dinero…, tu caballo ruano ha desaparecido…, esa buena pieza de Bonita también… y este mejicano está a punto de liar el petate. Ahora bien, teniendo en cuenta que tú estuviste anoche rondando por la estación, cerca de donde hallaron al herido, no parece descabellado pensar que pudieras saber quién le hirió; ¿no crees?
Stewart se echó a reÃr despectivamente liando un cigarrillo, sin quitar ojo de Pat. Luego rezongó que de haber sido él quien perforase al mejicano lo habrÃa hecho con bastante más eficacia.
—PodrÃa detenerte por sospechas, pero antes de hacerlo quiero reunir más pruebas. Quiero dar con Danny Mains y con la mejicana. Quiero saber que se ha hecho de tu caballo. Desde que lo tienes jamás se lo prestaste a nadie y en esta divisoria no hay salteadores con agallas bastantes para robártelo. Esa… desaparición… no huele a nada bueno.
—Eres el «as» de los detectives, Hawe, y te deseo la mejor suerte —replicó Stewart.
Pat pareció salirse de sus casillas, bufando y mascullando imprecaciones. Después tuvo una idea. Se plantó frente a Stewart, sacudiendo un dedo ante su rostro.