Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —¿Estabas borracho anoche?
Stewart ni pestañeó.
—¿Te encontraste con una mujer al llegar el 8? —gritó Hawe.
—Encontré a una señora —replicó Stewart, sosegadamente, aunque con acento amenazador.
—Encontraste a la hermana de Al Hammond, y la llevaste a casa de Florencia Kingsley. FÃjate bien, mi caballeresco cowboy. Voy allá a hacerle a esa gran señora varias preguntas. Si muestra tanta reticencia como tú, la arrestaré.
Gene Stewart se puso blanco. Conociéndole, esperaba verle tirarse súbitamente sobre el otro como un tigre, como suele hacer en tales casos. Pero siguió inmutable, pensativo. A poco dijo:
—Pat, eso es una locura, y si lo haces te dejaré resentido para toda tu vida. No hay el menor motivo para alarmar a la señorita Hammond, y el detenerla serÃa un ultraje que no tolerarÃamos en El Cajón. Si tienes algo contra mà enciérrame en buena hora y yo no me resistiré. Si quieres perjudicar a Al Hammond, hazlo como un hombre y no de ese modo. No quieras vengarte de nosotros insultando a una dama que ha venido aquà a pasar una temporada. Ya disfrutamos de bastante mala reputación para que tengamos que portarnos como indios.