Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Para Gene fue mucho hablar, y me sorprendió bastante. ¡Quién podÃa figurarse a Stewart interpelando con tanta mesura a aquel rubicundo coyote de sheriff! Sólo de ver la cara de estúpida satisfacción que ponÃa Pat, hubiera tomado yo cartas en el asunto, a no detenerme algo en la actitud de Gene. Era evidente, para cuantos escuchábamos, que el odio que sentÃa Hawe por Stewart le habÃa hecho olvidar la responsabilidad de su cargo.
—Voy… y ahora mismo —repitió.
Se hubiera oÃdo caer un alfiler al suelo; Stewart parecÃa no poder respirar con facilidad, como si le angustiase la idea de que Hawe se entrevistase con usted. Finalmente explotó:
—¡Pero piensa en quién es la señorita Hammond! Si la conocieras…, si la hubieses visto…, aun estando borracho o loco…, ¡te serÃa imposible hacerlo!
—¿Qué no? Pronto verás lo contrario. ¡A mà qué me importa quién pueda ser! Esas presumidas mujeres del Este… ¡ya he oÃdo hablar de ellas!… Valen bien poca cosa… Esa Hammond, esa mujer…
Súbitamente Hawe se calló, y palideciendo su congestionado semblante echó mano al revólver…