Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Los montes Peloncillo —dijo Stillwell—. Cuando lleguemos allá, estaremos en casa. Ahora se perderán de vista hasta por la tarde que los verá surgir abruptamente.
¡Peloncillo! Magdalena repitió para sus adentros el vocablo. ¿Dónde lo habÃa oÃdo antes? De pronto recordó.
El cowboy Stewart habÃa aconsejando a Bonita la mejicana que «enfilase el camino de Peloncillo». Probablemente la muchacha habÃa galopado por aquella misma carretera montada en el magnÃfico caballo gris, de noche, sola. Magdalena experimento un estremecimiento extraño, que no fue causado por el frÃo del ambiente.
—¡Una liebre! —gritó de pronto Florencia.