Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste —Eso creo, Nels —asintió Stillwell—. Pero no tardes más de un par de dÃas en volver. Sin ti, no haremos gran cosa en el rodeo. Ando falto de brazos.
La conversación termino con estas palabras. Stillwell enjaezo de nuevo su tronco, y los cowboys se dedicaron a reunir sus desperdigadas monturas. Magdalena habÃa demostrado un curioso interés, que no paso inadvertido para Florencia.
—Cosas que pasan, señorita Hammond —observó pensativa, casi melancólicamente.
Magdalena reflexiono. Inmediatamente, Florencia comenzó a tararear entre dientes una cancioncilla, mientras recogÃa los restos del almuerzo. Súbitamente la joven sintió afecto y respeto por la muchacha del Oeste. Era admirable la consideración, delicadeza o tacto que retuvo a Florencia de preguntarle lo que sabÃa, pensaba o sentÃa acerca de los hechos que se acababan de desarrollar.
Pronto reanudaron la marcha, siguiendo una carretera que iba ascendiendo gradualmente, y luego escalaron una loma que durante varias horas habÃa ocultado a su vista el horizonte. La jornada resulto bastante fatigosa a causa del sol, del polvo y de la limitada perspectiva.