Bajo el cielo del oeste
Bajo el cielo del oeste Le habló de Cochise, jefe de los apaches Chiricahua la tribu más salvaje y sanguinaria de cuantas contribuyeron a hacer horrible la vida a los primeros pobladores. En un principio, Cochise fue amigo decidido de los blancos; pero habiendo sido víctima de esta amistad, se convirtió en un enemigo acérrimo e implacable. Más tarde, Jerónimo, otro jefe apache, en fecha tan reciente como la de 1885, empuñó las armas, dejando sangrientas huellas de su paso por Nuevo Méjico y Arizona hasta la frontera. Solitarios rancheros y cowboys fueron objeto de sus ataques, y hubo madres que mataron a sus hijos, suicidándose luego, al enterarse de la llegada del apache. En aquella época, el solo nombre de apache helaba la sangre de cualquier mujer del Sudoeste.
Magdalena se sentía horrorizada, y experimentó cierto alivio cuando el gárrulo veterano empezó a hablar del establecimiento de los españoles en la comarca, de las leyendas de minas de oro perdidas y únicamente conocidas de los mejicanos, y extrañas historias de heroísmo, misterio y religión. No obstante el desarrollo de la civilización en el Sudoeste, el mejicano había adelantado muy poco. Eran aún supersticiosos y creían en fantásticas historias de tesoros ocultos en los muros de las Misiones y manos invisibles que derribaban peñascos desde los cantiles[5] de las barrancas sobre las cabezas de los exploradores que se atrevían a buscar las perdidas minas de los padres.