Caravana de heroes
Caravana de heroes —Desde luego —murmuró Clint, asombrado ante lo extraño de la verdad que aquella niña pusiera ante sus ojos. Clint halló que su padre había llegado al campamento de vuelta de la ciudad, tan excitado por alguna cosa que apenas se dio cuenta del pescado que su hijo exhibía orgullosamente. Su madre escuchaba muy seria mientras preparaba la cena. Clint se llevó sus peces al arroyo y allí los limpió, preguntándose lo que habría ocurrido. Supuso que sería algo relacionado con la continuación del viaje hacia el Oeste. Y volviendo a la hoguera del campamento, donde se puso a ayudar a su madre, Clint se enteró pronto de que iban a reunirse a una de las grandes caravanas transportadoras, por las que Independence era famosa en la frontera.
—Supongo que iremos más seguros con una caravana grande que con una pequeña —fue el único comentario de la madre de Clint.
Después de cenar, Clint se sintió a la vez avergonzado y alegre al ver a la niña May llegar al campamento acompañada de un hombre alto. Clint estaba ayudando a su madre a fregar los utensilios de cocina; no suspendió, sin embargo, la tarea por la visita.
—Me llamo Bell. Sam Bell, de Ohío —anunció.
—Yo soy Jim Belmet, de Illinois.
—Ésta es mi hija May, que se ha encontrado con su hijo hoy a la orilla del arroyo. Y vengo a celebrar una conferencia con usted.