Caravana de heroes
Caravana de heroes —SÃ, Tom. Nuestro jefe no acamparÃa para que nos divirtiésemos, y esos dos que han venido me parece que hablaban en serio. Pero, de todas maneras, los exploradores van delante y no nos pueden sorprender.
Clint no estaba tan excitado como Tom, pero sentÃa la misma curiosidad. Fue de los primeros que vio la caravana de emigrantes de Texas aparecer en la llanura. Después necesitaron aún dos horas para llegar al campamento.
La caravana se componÃa de veintiocho carros, todos nuevos, buenos caballos, algunas yuntas de bueyes y varios tejanos de formidable aspecto. No era de extrañar, pensó Clint, que hubieran rechazado a los indios. Cuanto más veÃa a los tejanos, más le gustaban. HabÃa oÃdo decir que era una raza de pocas palabras, largas piernas y pelo color de arena, muy sueltos con el revólver, que solÃan ser los mejores amigos y los peores enemigos.
Couch estaba preparado para recibir a los heridos con su botiquÃn, sus vendas, agua caliente y los pocos instrumentos que usaba. TenÃa considerable habilidad para ser un lego en la materia, y, como en otras ocasiones, llamó a Clint para que le ayudase.
—Lávate bien las manos y no abras tanto los ojos, cazador de búfalos —le dijo cuando estaba mirando cómo ayudaban a los heridos a bajar de los carros.