Caravana de heroes
Caravana de heroes Tom Sidel conservó su puesto, aunque las caras pálidas y las vendas ensangrentadas le afectaban visiblemente, pero cuando levantaron a una niña con los ojos cerrados, huyó.
La niña tenÃa una herida de flecha en la pierna, por encima de la rodilla. Otros dos hombres, uno de ellos joven, también sufrÃa flechazos, uno en el brazo y otro en el hombro. No eran graves y los dos hombres gastaban bromas. Otro tenÃa una herida de bala en medio del cuerpo, por encima del estómago. Estaba sin conocimiento. Couch le volvió para ver por dónde habÃa salido la bala y meneó la cabeza como si no pudiera hacer nada.
La muchachita abrió los ojos y sonrió débilmente. No estaba asustada.
—¿Te duele mucho, nena? —preguntó Couch mientras con sus grandes y hábiles manos quitaba los sangrientos vendajes.
—No… ahora no… ¿Me voy a morir?
—¡Morir! ¡Si no tienes nada! Sólo una heridita.
—¿De verdad?
—De verdad. Cierra los ojos mientras te lavo y te curo la herida.