Caravana de heroes
Caravana de heroes —No podÃamos contener la sangre —dijo el hombre que habÃa sacado a la niña del carro. Evidentemente era su padre. La mirada de sus ojos hizo daño a Clint. ¡Cuántas torturas sufrÃan estos colonizadores! Clint se preguntaba si alguno de ellos, antes de salir a las llanuras, se daba cuenta de lo que hallarÃa en ellas. Pero nada podÃa detenerlos.
—Sólo es una herida superficial —dijo Couch con satisfacción—. Ninguna arteria cortada. Está débil y agitada, pero no hay peligro.
El padre dijo algunas incoherentes palabras de gratitud. Después de curarla la dejaron a un lado en unas mantas. Abrió los ojos, sonrió a Clint y le dijo que no le dolÃa mucho. A él le recordó la pequeña May Bell y el antiguo dolor hirió su pecho. ¿Dónde estaba May y qué le estarÃa ocurriendo?
Cuando Couch hubo atendido a los flechazos de los dos hombres, el tercero, el de la herida de bala en el tórax, habÃa expirado.
Clint vio a los tejanos enterrar sus seis muertos y cortar dos árboles para allanar la sepultura.