Caravana de heroes
Caravana de heroes Hoyle y sus hombres vinieron a medianoche. Clint se fue a acostar con su padre y pronto se durmieron los dos. Poco después, Clint se despertó con una sensación curiosa. Extendió una mano para colocarla sobre Jack; pero Jack se había ido. Clint se sentó en la cama. Como se había acostado al aire libre y la noche estaba clara, pudo mirar a su alrededor. Jack no estaba a la vista.
Clint sacudió a su padre.
—Padre, me temo que pasa algo malo —murmuró.
—¿Qué te hace pensar eso, Clint? —preguntó Belmet con ansiedad.
—Jack se ha ido. Le buscaré.
—No salgas del corral.
Y Clint se puso a buscar a su perro entre las tinieblas y las camas y alrededor de la hoguera. Ninguno de los hombres de guardia había visto a Jack.
—Señor Waters, mi perro nunca me deja —le dijo al jefe con mucha gravedad—. Algo pasa. Jack ventea a un indio desde una legua.
—Muy bien. Así vigilaremos mejor —replicó Waters—. Ahora vete a la cama y duérmete.