Caravana de heroes
Caravana de heroes —Muchachos —dijo Waters— si hay que tirar no gastéis inútilmente las municiones. Haced blanco en cada tiro. Si es Satock y sus pieles rojas tenemos que quedar ellos o nosotros. Me alegrarÃa mucho que fuéramos nosotros. Ahora, a desplegarse y a vigilar.
Clint se fue con su padre y se tendieron al lado de su carro. Ató a Jack con una cuerda. Pronto dio éste muestras de excitación, tirando de la cuerda y gruñendo.
—Padre, ya vienen, seguro. Jack lo conoce. Belmet se levantó a decÃrselo a Waters.
Éste se puso de pie sobre el cubo de la rueda de un carro y registró la pradera con su anteojo. La luna hacÃa la noche casi tan clara como el dÃa.
—Los indios vienen —anunció Waters—. Bien por el perro. Suba, Couch, a echar una ojeada.
Couch substituyó a Waters sobre la rueda y miró con el anteojo durante algunos momentos.
—Unos doscientos, poco más o menos —dijo dirigiéndose a Waters—. Vienen despacio y tranquilos, suponiendo que nos sorprenden.
—Ellos se llevarán la sorpresa. Couch, mande usted a un hombre a todo lo largo de la lÃnea de carros por este lado y usted vaya por el otro. DÃganle a la gente que esté dispuesta para un ataque de un momento a otro, pero que permanezcan escondidos y no tiren hasta que no me oigan a mà gritar.