Caravana de heroes
Caravana de heroes »Me levanté de un salto, buscando a Denver. HabÃa desaparecido. Todos los indios me pareció que estaban bastante muertos. Recogà uno de mis revólveres; estaba vacÃo; en el otro quedaba un tiro. Lo disparé, esperando obtener contestación de Denver, que contestó, en efecto, desde el rÃo.
»Aquel indio me, habÃa hecho una mala herida. La sangre me corrÃa por dentro de la blusa de piel. Me vendé y bajé al rÃo a buscar a Denver. Al poco rato le volvà a llamar y él me contestó. Le encontré tendido sobre un leño en la orilla del rÃo y comprendà que estaba herido. Supuse que se habrÃa caÃdo desde lo alto del terraplén sobre el leño.
»—¿Por dónde se han ido? —le pregunté.
»—Por aquà —contestó—. Sólo quedaban dos y me parece que uno aún está vivo… —Oà un ruido y en un par de saltos descubrà a éste que se arrastraba sobre las manos y las rodillas con un cuchillo preparado. Le pegué un golpe en la cabeza con el revólver y empleé en él su propio cuchillo.
»—Bueno —dije—. Me parece que esto se ha acabado. Levántate, Denver.
»—No puedo —dijo él—. Tengo una pierna rota».
—¿Y cómo te la has roto? —le pregunté.
»HabÃa luchado con los dos Kiowas en la orilla del rÃo y habÃan caÃdo todos por el terraplén.