Caravana de heroes
Caravana de heroes —No puedo impedÃrselo. No es cosa mÃa. Si tienen dinero para comprar las pieles, nadie puede oponerse. Y sobre esto, una gran cantidad de dinero vino a parar a manos de Couch. De dónde venÃa el dinero era un secreto. A los oficiales de los puestos les estaba prohibido comerciar con los indios. Pero fue significativo que cuando salió la caravana cargada con una grande y magnÃfica provisión de pieles, se le concedió una escolta de noventa y, ocho soldadas al mando del capitán Howland y del teniente Wilcox hasta Westport.
La CompañÃa peletera se quejó muchas veces y llevó el asunto al fuerte Leavenworth, jefatura de todos los puestos militares del Sudoeste. El general envió oficiales para investigar, pero no pudieron saber nada por Couch ni por su gente.
—¿Cómo ha podido usted conseguir una escolta tan numerosa? —le preguntaron a Couch.
—Yo nunca muevo una rueda sin escolta.
—¿A quién se la pidió usted?
—No se la pedà a nadie.
—¿Viajaba usted por su propio riesgo?
—SÃ, señor. Pero la mitad de nuestra carga estaba protegida por Aull y CompañÃa.
Y los oficiales tuvieron que volver sin darle ninguna satisfacción a la CompañÃa peletera. El capitán Couch, Belmet y los demás consideraban el negocio perfectamente honrado y mucho más leal para con los indios.