Caravana de heroes
Caravana de heroes Por lo general, empleaba Maxwell de cuatrocientos a quinientos mejicanos. Sembraba maíz, avena, trigo y toda clase de verduras en enormes cantidades. Tenía un molino, movido por fuerza animal.
En 1861 no tenía una idea exacta del ganado que poseía, pero calculaba unas cuatrocientas mil ovejas, cincuenta mil vacas y diez mil caballos. Nunca intentó contar las mulas y los burros.
Por uno de sus contratos con el Gobierno, suministraba carne a los campamentos indios de Nuevo Méjico, y por otro, hacía el mismo servicio en los fuertes. Poseía el almacén más importante del Oeste. Era amigo por igual de blancos, indios y mejicanos y no se sabía que tuviera entre ellos un solo enemigo. Los indios le llamaban el padre Maxwell. En todas las estaciones, cientos de pieles rojas acampaban en su rancho. Y en la primavera, durante la época del comercio de pieles, llegaban a miles. Y los cazadores blancos, acarreadores y llaneros eran tan numerosos como los soldados del fuerte.
El coronel Maxwell era un tipo magnífico, de seis pies y una pulgada de estatura. Nunca se afeitó Tenía la costumbre de mirar recto a los ojos con los suyos, que eran notablemente penetrantes. Su rara sonrisa mitigaba la severidad de su cara.