Caravana de heroes
Caravana de heroes —¡Ajá! —suspiró Couch con gran satisfacción—. Puesto que eso ya está arreglado, dinos con quién estás ahora. —Con buenos amigos que lo han sido todo para mÃ.
—Y May se volvió, buscándolos.
La multitud se agitó, alterándose la calma con que habÃa estado escuchando. Una mujer gruesa y guapa, de cara sonriente, estaba evidentemente esperando este momento.
—Aquà estamos, May —dijo con afecto, empujando con el codo a un hombre alto que estaba a su lado.
May se alejó del acarreador para entregarse al inequÃvoco abrazo de aquella mujer.
—Éste es el señor Couch —empezó a decir May, radiante—, y su amigo el señor Maxwell, creo… y éste es Clint.
—Señores, yo soy Sarah Clement, y tengo un gran placer conociéndolos a ustedes… Jim Couch, he oÃdo hablar de usted todos estos años; a usted también le conozco, Lew Maxwell… Y este muchacho, ¿es el compañero de juegos de May en las llanuras… Clint Belmet? —Le dio la mano a Clint, fijando en él la mirada penetrante de la mujer que conoce a los hombres—. No es usted el muchacho de quien nos ha estado hablando todos estos años. Ahora es ya un hombre. Pero me gusta su cara.
Clint murmuró algo; nunca supo qué. Maxwell preguntó: