Caravana de heroes
Caravana de heroes —¡Sarah Clement! ¿Es usted, por casualidad, parienta de un Hall Clement que sirvió conmigo en la guerra de Méjico y que después estuvo en la Guardia Montada de Texas?
El tejano de elevada estatura que estaba a su lado se adelantó, y echando hacia atrás su gran sombrero negro, dejó al descubierto un notable semblante que no era fácil de olvidar.
—¿Qué tal, capitán? —dijo atónitamente extendiendo un largo brazo.
—¡Por todo lo que hay sagrado! ¡Hall Clement! —exclamó Maxwell con voz sonora y cayó sobre Clement con una efusión extraordinaria en un occidental tan frÃo. El encuentro dejó admirados a los que miraban.
—Jim, Búfalo —dijo, Maxwell volviéndose a los otros con los ojos iluminados—. Os presento a mi viejo amigo Hall Clement. Y amigo de Kit Carson también, en los dÃas de Texas. ¡Aquéllos eran tiempos! Señores, es demasiado bueno para ser cierto. Vengan todos a cenar conmigo. Daremos una fiesta.
—A mà no hay que decÃrmelo dos veces —tronó Couch, y volvió a posesionarse de la mano de May—. Perdona, pero me interesa mucho saber lo que te ocurrió.