Caravana de heroes
Caravana de heroes Se fueron rezagando más y más detrás de los mayores. La hierba de la ladera brillaba como plata a la luz de la luna. Más abajo chispeaban las hogueras del campamento y la caravana se destacaba como una lÃnea pálida contra la masa oscura del bosque. Ladró un perro, y desde la montaña un coyote le contestó con salvaje reto. Jack, que trotaba a los, talones de Clint, dio un gruñido de desaprobación.
En un punto áspero del camino, Clint cogió a May de la mano. Luego, aunque era lo que menos deseaba hacer, la soltó. No habÃan cambiado dos frases desde que se levantaron de la mesa de Maxwell. Algunas veces apenas podÃa Clint seguir el paso de May sin correr, otras tenÃa que detenerse a esperarla.
En el aire fresco y dulce flotaba un misterio. En el arroyo croaban las ranas de primavera. El olor del humo de la madera se mezclaba con la fragancia de la salvia. El viento suave susurraba entre las hojas de los árboles. La luna acababa de remontarse por encima del pica negro que parecÃa estar tan cerca y que, sin embargo, estaba tan lejos; a su luz, los potreros se veÃan blancos, bellos y solitarios.
Por fin Clint llegó al final de aquella tenaz complejidad que le tenÃa aturdido. Se sentÃa rebosar de un cúmulo de emociones, pensamientos y palabras que debÃan proporcionarle la libertad. Pero él no podÃa dársela.
