Caravana de heroes
Caravana de heroes Pasaba un carro tras otro. Un mejicano tocaba su guitarra y cantaba una lánguida canción española. Luego, con espanto de Clint, llegaron al campamento en que esperaba la familia Clement.
—Me alegro mucho de haberlos conocido a todos —decÃa Couch—. Y me alegro más de que piensen ustedes permanecer por aquà algún tiempo. Buenas noches. —Y viendo a Clint acercarse, añadió—: Búfalo, tú no tienes que apresurarte.
La joven se echó a reÃr como si comprendiera lo que Couch querÃa decir y le pareciese agradable.
—Buenas noches, señor Couch.
—Buenas noches, muchacha —replicó éste con una nota más profunda en su voz.
—La gente joven no tiene que correr —dijo la señora Clement.
—Tendréis muchas cosas de que hablar —agregó su marido—. Subid al pescante del carro. Couch nos ha dicho que acostumbrabais conducir y hablar durante todo el dÃa. Puede ser que asà se os desaten las lenguas y habléis hasta que se caiga la luna.
Más allá de las tiendas, debajo de un árbol gigantesco, estaba el carro que Clement habÃa señalado.
—¿Quieres venir, May? —preguntó Clint con ansiedad.
—¿Es que crees que me voy a ir a la cama?