Caravana de heroes
Caravana de heroes —¿Qué era, Búfalo? —preguntó ella acercándose a él un poco más.
—No lo sabÃa entonces, pero lo sé ahora. TenÃa celos de aquel gallardo soldado. Un infierno ardÃa dentro de mÃ. He leÃdo en la Biblia sobre los celos: «¿Qué puede resistir a los celos?».
—Búfalo Belmet, cuidado con darme nunca celos. Estoy empezando a conocerte. Al principio me pareciste un extraño, pero no has cambiado. Eres mayor y más tranquilo… y triste… ¡Pobre Clint!
Apoyó la cabeza sobre el hombro de él y Clint sintió lágrimas que caÃan en su mano.
—No llores —murmuró con ganas de llorar él también—. Ha sido muy duro, pero ahora, ahora…
—Ya nos tenemos el uno al otro —concluyó ella.
Clint tomó una mano de ella y la estrechó. La inmediata respuesta, cálida y firme, le animó a dominar su cobardÃa.
—¿Que estamos comprometidos, has dicho?
—¿Es que no lo dices tú también?
—¿Yo? SÃ…, pero, May, hablemos en serio. La gente que está comprometida se casa, ¿verdad?
—Es la costumbre, a menos que el novio sea desleal —replicó ella riendo y acercándose un poco más.
—¡Oh!