Caravana de heroes
Caravana de heroes Clint anduvo por allí algún tiempo, absorto en pensamientos y sentires que eran como sueñas vagamente recordados. Había esperado más noticias que las referentes a su tío Jim Couch. Pero no dejaba llegar esto a su conciencia. Volvió a su habitación, se paseó por ella y se arrojó por fin sobre la cama. El modo que tenía de crujir atestiguaba cómo aumentaba su peso. Extendió su mano derecha ante sus ojos. Ya no era la mano de un esqueleto. El color seguía blanco, pero la carne había vuelto. Podría conducir un carro mañana. Las dos pequeñas cicatrices de sus nudillos se destacaban lívidas, dos señales permanentes dejadas allí por los dientes de Lee Murdock. Una agitación de la sangre, un calor, acompañó al recuerdo del puñetazo que le había dado el tejano. El pasado, pálido y esfumado, empezaba a cobrar color y vida.