Caravana de heroes
Caravana de heroes —¡Padre! ¡Madre está herida! ¡Corre!
Belmet exhaló un grito de alarma y entró rápidamente en el círculo de los carros. Jack le siguió. Clint corrió detrás de ellos. Cuando se acercaron a su tienda, vio entrar, en ella a un hombre con una linterna. Sin aliento y bañada de sudor frío, Clint separó la lona de la abertura de entrada. Su padre estaba arrodillado al lado de una forma oscura e inmóvil. El otro hombre lo alumbró con la linterna. Clint vio la cara de su madre extrañamente plácida y serena.
—¡Buen Dios! —exclamó Belmet con voz ronca.
El hombre dejó su linterna y posó una mano ruda y cariñosa sobre los hombros de Clint. Al mismo tiempo, Jack le lamió, gimiendo, los pies desnudos.
—Hay que soportarlo, muchacho —dijo con voz opaca el hombre—. Estamos en las praderas y los malditos Comanches han matado a tu madre.