Caravana de heroes
Caravana de heroes Veintidós carros en semicírculo. Ya estaba contada la historia. ¿Pero qué caravana? La cara y el pecho de Clint se empaparon en sudor frío.
Buscó alejándose del camino y guiado por el sentido del olfato y llegó a una espantosa fila de salvajes muertos, tan destrozados por las armas y los coyotes que apenas pudo identificarlos coma Kiowas.
—No les habían arrancado las cabelleras ni quitado los vestidos. Contó veintinueve cuerpos, que habían sido evidentemente arrastrados lejos del camino. Los acarreadores no los habían enterrado, lo cual era una prueba palpable de apresuramiento. También yacían alrededor los caballos muertos.
Clint no pudo hallar ni un solo cadáver de un blanco, ni señal de sepultura. Ésta le animó, aunque sabía que, desde luego, los carreros hubieran enterrado sus muertos de tener tiempo para ello. Buscó por todas partes en un radio razonable.
Luego volvió a montar y siguió su camino, ahora alternando el trote con el trote largo. Cuando asomaron por el Este las primeras luces del alba, calculó que había andado treinta millas desde la parada de la medianoche.