Caravana de heroes
Caravana de heroes —Solo.
Los clientes y empleados acudieron al grito de Beckett.
—SÃ. Durmiendo de dÃa y viajando de noche.
—¿No estabas con Blackstone? Nunca nos ha dicho que estuvieras con él.
—No. Dejé Santa Fe diez dÃas o más después de Blackstone. Le seguÃa el rastro. En el Sendero Seco he descubierto que otra caravana habÃa pasado por él. Vine por el atajo y no descubrà las señales de la segunda caravana hasta veinticuatro horas después. Luego he encontrado carros quemados, pieles y cadáveres de indios Kiowas. Veintinueve… Otra vez, por la noche, pasé por donde la segunda caravana se, ha desviado por el camino de Texas.
—Blackstone no debÃa de saber que iba una caravana tan cerca detrás de él, y si lo sabÃa no ha dado cuenta de ello. ¿Y por qué diablos le seguÃas tú solo?
Esta pregunta estranguló la voz en la garganta de Clint. Si May y la señora Clement estuvieran a salvo… si estuvieran en el fuerte, aquel agente no se habrÃa asombrado de la llegada de Clint.
—SeguÃa a Blackstone —dijo con voz ronca— porque mi novia, May Bell, y la señora Clement estaban en su caravana.
—¡Debes estar equivocado! —exclamó Beckett.