Caravana de heroes
Caravana de heroes Los indios se fueron. Y aquella gran caravana, segura por el número de sus hombres, prestó poca atención al incidente. Antes del amanecer, una gran fuerza de Comanches había espantado sus ganados. Los recobraron, pero se dejaron a ocho camaradas muertos y trajeron diecisiete heridos. Desde entonces tuvieron que luchar día y noche con los Comanches durante ciento quince millas. Tuvieron ciento tres bueyes y treinta caballos muertos. Hubieron de abandonar veintisiete carros, y sus bajas ascendieron a ochenta y tres muertos y setenta heridos.
En su viaje al Oeste en la primavera de aquel año, Belmet se unió a John Hatcher, cuya caravana contenía cuarenta carros y unos cincuenta hombres. Hatcher se había criado entre los Shawnees de Kansas. Probablemente era el mejor combatiente de las praderas, según los veteranos. Jim Barlow, que se había unido a Belmet en Kansas City, tenía sesenta y ocho carros y setenta y dos hombres. Estas dos caravanas, añadidas a los setenta y cuatro carros y ochenta y un hombres de Clint y al famoso cañón de Couch, constituían una fuerza formidable.
Más allá de Fort Lamed esperaban un ataque a cada milla del camino. Era inminente.
Mientras acampaban, el tercer día de camino, vieron una banda de blancos que conducían algunos caballos de sobra sin carga alguna. Belmet y Hatcher clavaron sus ojos de halcón en estos jinetes.