Caravana de heroes
Caravana de heroes —No del todo.
Buell estaba tan asombrado que se olvidó de estrechar su mano, aunque dio abundantes pruebas de que su alegrÃa igualaba a su asombro.
—Hace años que no has estado en Santa Fe y todos te hemos llorado por muerto. Yo hablé con un hombre que habÃa visto tu cadáver en Kansas City, y otro que habÃa visto tu sepultura en no sé qué sitio del camino.
—Supongo que verÃa la del tÃo Couch. No, mi sepultura no la han cavado aún, que yo sepa —contestó Clint, y luego una vieja pregunta apareció en su pensamiento—. ¿Ha visto usted, a Murdock y a Blackstone desde que yo me fui de aquÃ?
—Muchas veces. Ahora sólo vienen cuando no hay por alrededor ni caravanas ni soldados. Los tienen atendidos los indios.
—¡Ajá! Deben tener un escondite en estas montañas. —En verano. En invierno ya no vienen nunca.