Caravana de heroes
Caravana de heroes Fort Larned se agitaba lleno de actividad. Había un gran almacén donde ocho dependientes hacían todo cuanto podían para atender a sus muchos clientes. A Clint le dijo su padre que había allí más de cien cazadores blancos que iban a vender las pieles que habían recogido durante el invierno, y más de mil indios, pero tardó algo en distinguir a una tribu de otra. Los cazadores se parecían mucho entre sí. Todos vestían de piel de gamo y a Clint le gustaba su aspecto fuerte, ágil y flexible; algunos, jóvenes, pero en su mayor parte maduros y curtidos y nunca sin sus armas.
Las tabernas hacían también un magnífico negocio, y cada una era además casa de juego. Su padre le llevó a ellas. Desde entonces databa la aversión de Clint hacia los jugadores. Prefería pasear por las calles o ir al fuerte, donde había destacados cuatro regimientos de dragones y dos compañías de infantería a las órdenes del coronel Clark. A Clint le gustaba mezclarse con ellos, y especialmente con los cazadores. Todo el tiempo estuvo en contacto con los indios. Los evitaba tanto como le era posible y los odiaba, pero admiraba su pintoresco aspecto, sus ceñidas vestiduras de piel y sus mocasines adornados de cuentas. Algunos usaban sombreros, otros plumas de águila en sus cabellos negros, muchos llevaban la cabeza desnuda y todos usaban vestidos de piel de bisonte.