Caravana de heroes
Caravana de heroes Belmet vendió la galera, conservando los caballos, y compró otro carro de carga, nuevo, pintado de verde y rojo, que Clint guiaba. A los pocos dÃas de camino, todos los miembros de la caravana tenÃan una palabra cariñosa para el muchacho y su perro. Hasta el capitán Payne se fijó en él.
—Veo que llevas ahà un fusil de búfalo, muchacho —le dijo.
—SÃ, señor; pero no es para los búfalos —le contestó con intención Clint.
En la tarde del sexto dÃa, los viajeros se detuvieron en Crow Creek, un magnÃfico punto en la gran curva del rÃo de Arkansas. La verde espesura de las árboles y el brilla de las tranquilas aguas atraÃan a Clint, pero no tuvo tiempo para entregarse a su pasatiempo favorito. Los carros, como de costumbre, se formaron en un cÃrculo, la lanza de uno bajo la trasera del que tenÃa delante, con una abertura para la entrada y la salida del ganado.
Los caballos y los bueyes quedaron fuera pastando, bien guardados, en la abundante hierba. Pronto se observó que volvÃan apresuradamente. Un jinete venÃa delante gritando:
—¡Indios! ¡Indios!