Código del oeste
Código del oeste En todas las respuestas había la misma falsa apariencia de inocente e ingenua sinceridad. Cal vio que Georgiana los estudiaba con interés, como fascinada. La muchacha se hacía perfectamente cargo de la situación, y se mordía los labios para no dar suelta a la expresión de su regocijo. En esto, Cal notó, con alegría, que Tuck Merry (de quien se había momentáneamente olvidado por completo) sacaba del coche su desgarbado corpachón, mientras decía:
—Compadre, déjeme echarle un vistazo al mecanismo, para averiguar qué le pasa. En mis buenos tiempos manejé un cacharro bastante complicado, de la Compañía de Leche Condensada Smith.