Código del oeste
Código del oeste —Por ahora no veo nada más respondió Tuck —a no ser que faltan varias piezas; pero voy a arreglarlo todo, y el coche marchará en seguida perfectamente… perfectamente…
Las palabras de Merry parecieron sacar a Wess de la pasajera inhibición en que estaba.
—Oiga, forastero, ¿ha querido referirse a m� —inquirió en tono de resentimiento.
—Me he dirigido al caballero que me ha ofrecido llevarme en su coche —replicó Tuck señalando con su enorme diestra en dirección a Cal.
—Bien está; ¿pero a qué viene esa salida de que alguien ha andado trasteando con el auto?
—Señor, lo que dije, dicho queda. Alguien ha andado con el motor.
—¡Ajú! Bueno, pues yo le advierto que es mejor para los forasteros que andan por estos contornos el —tener mucho cuidado con lo que dicen— declaró Wess con acento belicoso.
—¿Por qué asÃ? ¿Acaso no estamos en un paÃs libre?, —quiso saber Merry tranquilamente.
—Libre será; pero por estas tierras somos muy quisquillosos —gruñó Wess—. Y no aguantamos que se entrometa en nuestros asuntos ningún espantapájaros con patas como pértigas, igual que usted.