Código del oeste
Código del oeste —ConfÃa en que se lo diré yo, Arizona —replicó Cal cordialmente—. Suba, Tuck. Al parecer, no hay más peleas a la vista momentáneamente. ¡Ja, ja, ja!
Merry ocupó el asiento de atrás y cerró de golpe la portezuela. Cal, sin tenerlas todas consigo, hizo arrancar el coche, temiendo a medias que éste se negara a moverse. Pero, para delicia suya, el «Ford» se puso en marcha con • tal prontitud y soltura como si el marchar sin tropiezos fuera su especialidad.
—Mira, Cal —gritó Arizona—: iremos siguiéndote, para recoger los pedazos.