Código del oeste
Código del oeste —¡Arriba, buen mozo! —gritó la muchacha extasiada de júbilo—. No va a asustarme, por mucho que corra. Yo me trago la rapidez como si fuera agua.
Cal respondió a eso con un imprudente abandono, hasta que Merry, adelantando el cuerpo, le tocó en el hombro, diciéndole con voz un tanto enérgica:
—Compadre, vaya más despacio o nos hará papilla. Y no olvide que ahà atrás viene el coche grande, con su primo y demás colegas.