Código del oeste
Código del oeste —DeberÃa yo disimularlo, pero, en realidad, no me gusta.
—¿Qué defecto le encuentra? Es nuevo… y a la última moda. Todos los muchachos decÃan que era despampanante.
—¿Los muchachos?… —replicó Cal—. ¿Qué clase de muchachos?
—¡Hombre! ¡Mis amigos! —profirió en un tono tan agresivo, que puso al otro en guardia. Y luego, como él se callara, insistió en preguntar:
—¿Qué defecto le encuentra? Supongo que usted es arbitro de la moda en su maravillosa región del Tonto…
—Yo no entiendo nada de modas… ni de trajes despampanantes —respondió Cal, herido por el sarcasmo—; pero tengo sentido común. Éste es un paÃs montañoso Estamos a seis mil pies sobre el nivel del mar y hemos de subir más todavÃa. Usted se morirá helada con… esa cosa. Es demasiado delgada… y demasiado baja por arriba… y en extremo corta por abajo…
—¡Pero, hombre de Dios, si es lo que actualmente hace furor! —protestó Georgiana—. Todas las mujeres que saben vestir lo llevan asÃ. Ustedes están aquà sepultados en vida. ¿Qué pueden saber de las modas femeninas?